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Por Olkeri.space
Arabia Saudí está construyendo ciudades de IA en el desierto
El reino convierte los ingresos del petróleo en cómputo, centros de datos y modelos en árabe, como parte de una transformación económica más amplia.
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Arabia Saudí ha situado la inteligencia artificial en el centro de su programa de diversificación económica, tratándola a la vez como una industria que construir y como una herramienta para modernizar el Estado.
El marco estratégico:
El plan económico de largo plazo del reino busca reducir la dependencia de los ingresos petroleros, y la tecnología ocupa un lugar destacado. Una autoridad nacional de datos e IA coordina la estrategia, y los vehículos de inversión estatales han comprometido sumas muy elevadas en infraestructura, empresas y alianzas de IA.
Arabia Saudí ha buscado capacidad de cómputo con decisión, con inversión en centros de datos, alianzas con grandes empresas de chips y de nube y entidades respaldadas por el Estado creadas específicamente para desarrollar infraestructura y servicios de IA.
Los modelos de lengua árabe han sido una prioridad, desarrollados en el país y en colaboración con instituciones internacionales, atendiendo tanto necesidades prácticas como el objetivo de establecer un liderazgo tecnológico regional.
Energía e infraestructura:
Las ventajas del reino son la electricidad y el suelo. Energía abundante, amplias extensiones disponibles y capacidad estatal para construir con rapidez hacen viables grandes proyectos de infraestructura en plazos que otros países no pueden igualar.
El potencial solar es excelente y hay en marcha proyectos renovables sustanciales, en parte para liberar hidrocarburos destinados a la exportación y en parte para cumplir las expectativas de sostenibilidad de los socios internacionales.
Los gigaproyectos, incluidos los desarrollos previstos en el noroeste, incorporan ambiciones tecnológicas amplias, con transporte autónomo, redes de sensores y servicios urbanos gestionados por IA presentes en los planes. Esos proyectos han suscitado escepticismo sobre su viabilidad y sus plazos, y su escala final sigue siendo incierta.
Aplicaciones:
La petrolera nacional está entre los operadores energéticos más avanzados técnicamente del mundo y aplica aprendizaje automático a la exploración, la gestión de yacimientos, el mantenimiento predictivo y la seguridad industrial a escala enorme.
La digitalización de los servicios públicos ha sido notable, con plataformas orientadas al ciudadano que consolidan los trámites.
La sanidad, la educación y la logística del turismo religioso, que gestiona el movimiento de millones de peregrinos, son aplicaciones prioritarias identificadas, y esta última es un problema de optimización genuinamente singular.
Talento y formación:
Arabia Saudí ha invertido en universidades y centros de investigación, y su universidad insignia de ciencia y tecnología recluta profesorado internacional y realiza investigación en aprendizaje automático.
El reto de la fuerza laboral es significativo: desarrollar capacidad técnica propia mientras se depende entretanto de experiencia importada. Los programas para formar a saudíes en competencias de IA y datos son amplios, y los requisitos de nacionalización del empleo empujan a las empresas a contratar ciudadanos.
El reino compite con los Emiratos por el liderazgo tecnológico regional, y ambos disputan el mismo grupo limitado de talento sénior con movilidad internacional.
Las limitaciones:
La escasez de agua es extrema, lo que hace de la refrigeración de los centros de datos un desafío de ingeniería y de recursos.
La percepción internacional afecta a las alianzas y a la captación de personal, y las preocupaciones sobre derechos humanos influyen en la disposición de algunas instituciones a colaborar.
El posicionamiento geopolítico entre Estados Unidos y China genera las mismas complicaciones de control de exportaciones que afrontan los Emiratos, y el acceso a los chips avanzados depende de gestionar esas relaciones.
El riesgo de ejecución en proyectos muy grandes es real, y varias iniciativas ambiciosas se han recortado o retrasado.
La perspectiva:
Arabia Saudí tiene capital, energía y voluntad política en cantidades que pocos países igualan, y los está desplegando con rapidez.
La cuestión es la conversión: si el gasto produce capacidad duradera, experiencia local y empresas que sobrevivan sin apoyo estatal, o si produce infraestructura operada por extranjeros al servicio de firmas extranjeras. Los próximos años, a medida que las inversiones en cómputo entren en servicio y los programas de formación den titulados, mostrarán cuál de las dos.