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Angola y Mozambique tienden cable y buscan la siguiente economía

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Sociedad y culturaÁfrica29 de agosto de 20263 min de lectura

Por Olkeri.space

Angola y Mozambique tienden cable y buscan la siguiente economía

Dos economías lusófonas dependientes de los recursos invierten en conectividad como primer paso hacia un sector digital.

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Angola y Mozambique comparten el portugués como lengua oficial, la dependencia de los recursos naturales y sectores tecnológicos en una fase temprana de desarrollo.

Angola:

La economía angoleña está dominada por el petróleo, que financia al Estado y domina las exportaciones, y la diversificación lleva años siendo una prioridad declarada con resultados desiguales.

El país invirtió en infraestructura de conectividad, incluido un cable submarino que lo conecta directamente con Sudamérica, una pieza singular que reduce la dependencia de las rutas por Europa y sitúa a Angola como posible punto de conectividad entre África y América.

Un centro de datos nacional y un programa satelital reflejan el interés estatal por la infraestructura digital, y la penetración móvil ha crecido de forma sustancial, aunque el acceso a internet sigue siendo limitado en relación con la población y caro en relación con la renta.

El sector tecnológico es pequeño, con la actividad concentrada en Luanda, y las aplicaciones se centran en telecomunicaciones, banca y el sector petrolero, que emplea el aprendizaje automático industrial habitual.

Entre las limitaciones figuran el acceso a la electricidad, restringido fuera de las ciudades pese a una generación hidroeléctrica sustancial, los costes altos, los problemas cambiarios y una capacidad limitada de formación técnica.

Mozambique:

Mozambique tiene reservas significativas de gas natural, y grandes proyectos de gas natural licuado han atraído una inversión extranjera enorme, aunque su desarrollo se ha visto interrumpido por una insurgencia en la región septentrional donde se ubican.

El país está entre los más pobres del mundo por renta, con infraestructura limitada y una fuerte exposición a los efectos del clima, incluidos ciclones e inundaciones.

La conectividad ha mejorado con la llegada de cables submarinos a su costa, y Mozambique sirve además de ruta de tránsito para vecinos sin salida al mar.

El dinero móvil ha crecido y presta servicios financieros a poblaciones sin acceso bancario.

Entre las aplicaciones con valor genuino están la alerta temprana ante desastres, dados los ciclones devastadores repetidos, el asesoramiento agrícola a pequeños productores y la prestación de servicios de salud.

Las limitaciones son severas: el acceso a la electricidad está entre los más bajos del mundo pese a que el país alberga una presa hidroeléctrica muy grande que exporta buena parte de su producción, la capacidad de formación técnica es limitada y el conflicto en el norte frena el desarrollo.

Condiciones comunes:

La conexión de ambos países con la economía de la IA es hoy la de proveedores de recursos y mercados en una fase temprana de adopción digital.

El dominio del portugués los vincula con Brasil y Portugal, y la tecnología del idioma portugués desarrollada en otros lugares es directamente utilizable, lo que supone una ventaja frente a países cuyas lenguas carecen de recursos digitales.

Ambos dependen por completo de infraestructura de nube extranjera, y las restricciones cambiarias hacen que esos costes pesen.

Ambos afrontan el mismo problema de secuencia: las aplicaciones de IA requieren conectividad, la conectividad requiere electricidad, y la electricidad requiere una inversión que compite con muchas otras prioridades.

La perspectiva:

Para ambos, la vía realista pasa por una infraestructura digital básica y servicios entregados por móvil en finanzas, agricultura y salud, más que por el desarrollo de un sector tecnológico.

El cable transatlántico de Angola y los recursos gasísticos de Mozambique dan a cada uno un activo concreto. Que alguno convierta la inversión en recursos e infraestructura en una capacidad más amplia es una cuestión de gobernanza y de tiempo más que de tecnología.